En estos momentos es difícil ser positivo
en cuanto al futuro laboral y económico ya que la situación actual nos lleva
como mínimo a pensar qué será de nosotros, de nuestros hijos, de nuestros
nietos…
Es bueno tener una considerable formación
académica, idiomas y demás, aunque cuando vas a buscar trabajo tienes una
competencia que asusta tanto, que no sabes si inscribir tu Currículum o salir
corriendo. Puedes tener 18 años o tener 50, tener un historial excelente, o
nefasto (no te preocupes que el que tiene un buen perfil tampoco acaba de
conseguir sus metas). Conozco a más de una persona que ha estado 8 horas
diarias buscando trabajo, y más… ¿y qué? Pues nada.
Les dices a tus hijos: “el día de mañana tienes
que ser alguien de provecho” y piensas: difícil, difícil con el panorama
actual. Es decir, que te fijas en los ánimos de la gente que te rodea y cada
vez son más bajos, aumenta la tristeza de no saber qué hacer con sus vidas.
Bueno… Quizás sea el momento de ver las
cosas de otra forma dado que no podemos cambiar esta situación que nos agobia.
Dejemos las quejas a un lado por un momento y ocupémonos de nosotros:
¿Por qué no pensamos en un plan B? Es
decir, si quieres ser profe piensa también en alguna otra ocupación a la que puedas dedicarte por si falla el
plan A. No solemos pensar más que en una profesión de entrada, o ninguna, o
miles. ¿Por qué no tener un plan B, o C? Un par de planes más como máximo. Si
te falla el primero o te desencanta ¿qué haces? Pasar al segundo. O
reinventarte.
Cuantas veces alguien nos ha comentado:
“siempre he querido ser tal o cual pero no pude”. Quizás puedas ahora, o quizás
alguien pueda orientarte sobre tu plan B si te bloqueas. Es el momento de
pensar en algo distinto si no te funciona lo que habías pensado desde la
infancia, o por herencia, o por convicción, o la vocación que luego no es tal.
Como decían algunos de otro sector que no
es la psicología: ¡Acción!

No hay comentarios:
Publicar un comentario